Majikaru
Esta línea de obra pictórica se manifiesta como una reinterpretación del Superflat japonés bajo una mirada whimsical y crítica, centrada en cómo la ficcionalidad de los elementos altera nuestra lectura del entorno. A través de la bidimensionalidad y el pastiche neopop, se configuran escenarios donde la rigidez del lenguaje visual se quiebra, invitando al espectador a dudar de la frontera entre el ser vivo y el objeto inanimado.
Monsutāfisshu
Wani no tora
Ōmu Lilac
Gojira
Pinku no ie
Kyodai
Esta línea de obra pictórica se define como una cartografía del Antropoceno articulada a través del Realismo Mágico contemporáneo. En piezas que superan el metro de longitud, se utiliza el papel para orquestar un diálogo entre la inmensidad de la naturaleza y la huella de lo humano, cuestionando las jerarquías visuales que dictan nuestra relación con el entorno. Mediante el uso de pastiches visuales y contextos inesperados, se reflexiona sobre el cambio climático y la pérdida de la frontera entre el mundo vivo y el simulacro, creando estancias donde el espectador pierde la brújula de lo que es real.
Seishun
Shishunki
ino no uchi
Shima
Daruma no dokutsu
Rin’nai
Kouyaku
Kureopatora
Genkei no tamashii
Barokku
Esta línea de obra pictórica se define por un claroscuro conceptual que busca generar un estado de desasosiego en la percepción del espectador. Mediante una técnica que remite a la pintura barroca, se sitúan animales en contextos inesperados y domésticos, rompiendo la narrativa convencional del espacio. La obra funciona como un espejo de la realidad donde la vida orgánica y el espejismo plástico conviven en una danza de sombras, obligándonos a replantear nuestras categorías perceptuales sobre lo que consideramos digno de ser retratado.
Saru to fūsen
Kabin to kōmori
Kachiku
Esta línea de obra pictórica se manifiesta como un ejercicio de surrealismo ecocéntrico, donde la sintiencia animal deja de ser un tema periférico para convertirse en el eje que sostiene la realidad. A través de figuras híbridas —como el bóvido que carga literalmente con el ecosistema en su lomo—, se reflexiona sobre el cambio climático y la responsabilidad ontológica de lo vivo. En estas piezas, el paisaje no es un decorado, sino una extensión orgánica del sujeto, rompiendo la rigidez del lenguaje que separa al animal de su territorio y elevando a los "domesticados" a una categoría de monumentos vivientes.
Usagiuma
Hachikui no komori-uta
Ushiyama
Buta
Masuku
En este conjunto de piezas, se propone un acercamiento al Neo-Japonismo actual, rescatando la simbología de las máscaras Hannya y Oni para poner en duda la supuesta realidad de nuestros constructos culturales. Bajo un cromatismo eléctrico y vibrante, se sitúan pequeños seres sintientes en el centro mismo del rito, disolviendo las fronteras impuestas que suelen aislar la naturaleza animal de cualquier dimensión espiritual o simbólica.
Kaerumonsuta
Pinku no kōmori
Usucha ningyo
Kawasemi